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23 mayo, 2010

El Alma que Lee (Capítulo 9)


Nos encontrábamos allí. En aquella tienda. Paredes ocres y parqué en el suelo. Los aromas del ambiente me relajaban profundamente. Una voz sosegada y dulce que salía desde detrás del mostrador se dirigió a nosotros.
- Buenas noches. Bienvenidos a Aura, ¿qué desean?
Yo la observé detenidamente. Era una mujer joven, estaría en la treintena, de cabello cobrizo y ondulado recogido con un lazo blanco. Mantenía una sonrisa amplia y mucha vitalidad en su mirada.
- O mejor dicho, ¿qué deseas? – preguntó centrando su atención en mí.

21 mayo, 2010

El Alma que Lee (Capítulo 8)


Me encontraba delante del mostrador de la biblioteca esperando a que llegase el bibliotecario. Jake estaba a mi lado, llevábamos más de veinte minutos ahí plantados sin que apareciese nadie. El edificio estaba vacío exceptuando las interminables hileras de estanterías, el polvo que se acumulaba por los rincones y nosotros.
Siempre me había encantado aquel lugar, de pequeña lo visitaba con frecuencia, el primer día que visité la biblioteca me encaramé a las estanterías como si fuese un mono para alcanzar un libro, pero apareció aquel bibliotecario y me ayudó.
Desde aquel momento al menos un par de días a la semana obligaba a mi madre a que me llevase, era mi rincón secreto, un lugar donde podía ser yo rodeada de aquellas páginas repletas de letras que tanto me fascinaban.

23 abril, 2010

El Alma que Lee (Capítulo 7)


Por fin me habían dejado salir de aquel odioso hospital, no echaría de menos el olor, la frialdad, los medicamentos; pero extrañaría mucho el cariño de las enfermeras y a los guapos, jóvenes y simpáticos residentes.
Acaba de llegar a casa y me había acomodado en mi cama. Me sentía tranquila de volver a estar allí. Respiré el aroma al perfume de lavanda de mi madre, junto al suavizante de la ropa y el ambientador de flores, y supe cuánto había deseado regresar.
Estaba tumbada en la cama con las piernas cubiertas por una fina colcha, cuando mi hermana entró muy despacio con un vaso de leche caliente y galletas de chocolate. Sonreí al ver la expresión de Vicky, parecía una ladrona intentando entrar sin que la descubriesen.

16 abril, 2010

El Alma que Lee (Capítulo 6)


Eran las doce del mediodía. Mi madre se había ido a preparar bizcocho de chocolate, mi favorito. Mi padre estaba trabajando, y mi hermana que ya estaba de vacaciones se había ido al centro comercial con la excusa de comprarme ropa nueva para cuando saliera del hospital.
Así que me encontraba sola en aquella fría habitación observando por el pequeño ventanuco el parking, porque por desgracia no había tenido la suerte de que mi habitación estuviera orientada hacia los jardines.
Apoyé mi mano en la pared y tras levantar la manga de mi pijama rosa vi la cicatriz que tenía en el brazo derecho, no era algo alarmante, peor era la que tenía bajo el pecho, pero para nada me avergonzaba de ellas. Me parecía algo absurdo ocultar aquellas marcas que mostraban una parte de mi vida que para mi sorpresa había logrado superar.

10 abril, 2010

El Alma que Lee (Capítulo 5)


Abrí los ojos. La luz me molestaba. Los volví a cerrar. Respiré profundamente y me arrepentí. De mi boca surgió un gemido.
El dolor se extendía por todo mi cuerpo al mínimo esfuerzo. Volví a respirar y continué sintiéndolo. Sonreí.
Levanté los párpados y observé el lugar en el que me encontraba. Una sala pequeña, iluminada por los rayos de sol que entraban por una diminuta ventana. El olor a desinfectante entraba por mis vías respiratorias y me provocaba náuseas.

07 abril, 2010

El Alma que Lee (Capítulo 4)


Mi madre había entrado muy despacio en mi cuarto, y con su mano derecha acarició dulcemente mi frente húmeda.
- Iride – susurró – Cielo, ya es hora de despertarse – añadió.
Abrí lo ojos lentamente. Mi madre subió las persianas haciendo que entrara un poco de luz para poder vernos pero no demasiada para no deslumbrarme.
- Buenos días mamá – dije sentándome en la cama.
Ella se acomodó a mi lado y me colocó la bandeja del desayuno sobre las piernas. Cogió una galleta de chocolate, me besó en la frente y la mordisqueó.
- ¿Qué te pasa cielo? Parece que has sudado mucho esta noche, no tendrás fiebre, ¿verdad?
- No, estoy bien, pero muy cansada. Entre la fiesta y la mala noche que he pasado…

01 abril, 2010

El Alma que Lee (Capítulo 3)


Llevaba media hora en el mismo lugar, sin prestar atención a nada ni nadie, intentando no pensar por qué me sentía tan terriblemente mal sin motivo aparente cuando mi hermana atravesó la entrada del salón, como era de esperar no iba sola.
Ya había tirado la caña y recogido el sedal, y como premio llevaba agarrado por la cintura a un tío que cualquiera hubiera deseado. Alto, moreno, de ojos castaños, con una sonrisa resplandeciente y con unos cuantos chupetones en el cuello, resultado de su encuentro con Vicky, deduje.
Se acercaron adonde me encontraba.
- Iride te voy a presentar a alguien.
- ¡Qué novedad! – mascullé. Ella no me escuchó, en cambió él me miró con curiosidad.
- Este es Robert, un amigo – cuando me levanté por cortesía, ella se acercó – Por ahora – me susurró al oído con una de sus estúpidas risitas de colegiala consentida.

25 marzo, 2010

El Alma que Lee (Capítulo 2)


Esa situación me podía. Tanto Jake como Aremis cuchicheaban entre ellos con la vista fija en mí. No era difícil saber de qué hablaban. ¿Lo adivináis? Pues de la hermana de Vicky. Yo no quería ser popular, desde luego. Pero preferiría que la gente me conociese como Iride o que directamente no supiera de mi existencia antes que saber de mí por un lazo de sangre, porque a parte de eso, Vicky y yo no teníamos nada en común.
Mi hermana se encontraba distraída mirándose en un espejo colgado en la pared cuando Jake le hizo saber de su presencia. Le saltó a los brazos y se enganchó a su cuello. Montando el espectáculo, por supuesto, eso en Vicky no era ninguna novedad. Ella era como la abeja reina, atraía a los chicos con miel, se la ponía en los labios y se la quitaba para que se quedaran con ganas de más. Si el chico no le gustaba o le parecía demasiado poco para ella lo utilizaba a placer, pero como le gustara podía prepararse porque difícilmente lo dejaría escapar. Ella solo ha estado enamorada una vez y cuando él rompió… Sólo diré que no me hubiera gustado estar en el lugar del chaval: un mes de hospital, pobre.

24 marzo, 2010

El Alma que Lee (Capítulo 1)

Tras despertarme contemplé pensativa el techo de mi habitación recordando la noche anterior. Me había ido con unas amigas de compras y nos encontramos a unos amigos de mi hermana mayor, Vicky. Nos pidieron que les aconsejáramos sobre algún regalo porque dentro de unos días es su cumpleaños, el caso es que terminamos en un pub y uno de los chavales se intentó propasar conmigo, le di una buena torta y mis amigas al verlo le insultaron y le dijeron de todo. Por supuesto, nosotras recibimos nuestro merecido, no sólo en insultos, es que habíamos ido en sus coches y no teníamos como volver. Tuvimos que reunir el poco dinero que llevábamos todas para pagar un taxi.
Fue desastrosa. Pero no tanto como mi rutina diaria.
- ¡Iride! ¡Levántate o llegarás tarde al instituto! – dijo mi madre desde el otro lado de la puerta.